Un ejemplar de oso advierte de manera agresiva al extraño que está entrando en su territorio.

Growling Grizzly Bear
En un mundo cada día más urbano, donde proliferan los llamados ‘ecologistas de salón’ que lo más que se han acercado a las maravillas de la naturaleza ha sido en un zoológico o en un documental de televisión, cunde la creencia de que los animales salvajes que sobreviven en zonas apartadas de la civilización tienden a huir ante la presencia del hombre. Grave y mortal error. Así lo demuestran las cuatro personas que han perdido la vida en lo
s ataques de osos ocurridos en el norte de Japón, un país que vuelve a ocupar las páginas de sucesos cuando todavía no se había recuperado de la peripecia del pequeño que salvó su vida tras pasar siete días perdido en un bosque lleno de alimañas, en una isla no muy lejos de donde han tenido lugar ahora los decesos.

Las autoridades japonesas volvieron ayer a pedir precaución. «Los habitantes ignoran nuestras advertencias porque piensan que ellos nunca se cruzarán con osos o que podrán escapar en caso de peligro», declaró a AFP Masaru Kobayashi, responsable de la delegación del Gobierno de Tokio.

El caso es que los ataques de osos no son inusuales en esta zona, pero pocas veces son mortales. Entre 1979 y 2015 solamente han ocurrido ocho muertes. No obstante, el mes pasado tres hombres, de entre 60 y 80 años, murieron en tres incidentes diferentes mientras recogían brotes de bambú en un bosque situado cerca de la localidad de Kazuno, informó la prensa. El cuerpo de una cuarta víctima, una mujer de 74 años que paseaba en busca de flores silvestres, fue encontrado el viernes.
De momento, las batidas en la zona donde tuvieron lugar las muertes se han saldado con la cabeza de un magnífico ejemplar de oso negro de Asia. Según Toshiki Aoi, especialista de estos plantígrados citado en la cadena pública NHK, durante la necropsia del animal se descubrió un pedazo de cuerpo humano en sus entrañas, restos que podrían corresponder a la mujer de 74 años. En todo caso, Aoi apuntó que era extremadamente inhabitual que este tipo de osos devorasen humanos.

El oso negro de Asia pasa la mayor parte de su vida en los árboles. A diferencia de otras especies de plantígrados, no hibernan. Solo lo hacen las hembras en estado de gestación. De cada embarazo nacen a lo sumo dos crías.

En España el oso pardo es el rey de la cordillera Cantábrica, donde sobreviven las últimas colonias viables de plantígrados autóctonos de la península. En esta zona, los ataques, muy poco frecuentes, tienen como objetivos animales domésticos y suelen ocurrir cuando alguna vaca o yegua se cruza en el camino de una osa y sus oseznos. Por el contrario, sí son comunes los ataques del oso pardo contra los panales cuando buscan miel. Si este verano alguien escucha un gruñido en el bosque, lo mejor es poner tierra de por medio, no vaya a ser que se trate de una hembra y sus crías.

 

La fuente: www.laverdad.es